en su Historia Natural, cuenta que unos mercaderes que se dirigían hacia Egipto para vender natrón
(carbonato de sodio), se detuvieron para cenar a orillas del río Belus,
en Fenicia. Como no había piedras para colocar sus ollas, decidieron
utilizar algunos trozos de natrón. Calentaron sus alimentos, comieron y
se dispusieron a dormir. A la mañana siguiente vieron asombrados que las
piedras se habían fundido y habían reaccionado con la arena para
producir un material duro y brillante, el vidrio.
En realidad, el hombre aprendió a fabricar el vidrio muchísimo tiempo antes en forma de esmaltes vitrificados, la fayenza. Hay cuentas de collares y restos de cerámica elaborados con fayenza en tumbas del periodo predinástico de Egipto, en las culturas Naqada (3500-3200 a. C.)
Los primeros objetos de vidrio que se fabricaron fueron cuentas de
collar o abalorios. Es probable que fueran artesanos asiáticos los que
establecieron la manufactura del vidrio en Egipto, de donde proceden las primeras vasijas producidas durante el reinado de Tutmosis III (1504-1450 a. C.). La fabricación del vidrio floreció en Egipto y Mesopotamia
hasta el 1200 a. C. y posteriormente cesó casi por completo durante
varios siglos. Egipto produjo un vidrio claro, que contenía sílice pura;
lo coloreaban de azul y verde. Durante la época helenística Egipto se
convirtió en el principal proveedor de objetos de vidrio de las cortes
reales. Sin embargo, fue en las costas fenicias donde se desarrolló el
importante descubrimiento del vidrio soplado en el siglo I a.C. Durante la época romana la manufactura del vidrio se extendió por el Imperio, desde Roma hasta Alemania En esta época se descubrió que añadiendo óxido de manganeso se podía aclarar el vidrio
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